Premio Distrital de Estimulos Fundaciòn Gilberto Alzate 2013
Agradecimientos FGAA.
¿Qué es Descubriendo lo Oculto?
EL LIBRO DEL NIÑO AUTOR OSHO
OSHO
EL LIBRO DEL
niño
Una visión revolucionaria
de la educación infantil
Sumario
Las cualidades del niño........................................... 3
Embarazo, nacimiento, infancia........................... 9
Condicionamiento...................................................... 18
Educando al nuevo niño.......................................... 25
Consejos a los padres............................................. 38
Adolescentes............................................................... 48
Educación..................................................................... 58
Reconciliación con los padres.............................. 75
Meditación.................................................................... 81
Meditaciones............................................................... 85
El Paraíso recuperado.............................................. 90
Acerca de Osho.......................................................... 93
Las cualidades del niño
A EXPERIENCIA del niño obsesiona durante toda su vida a la gente inteligente. La quieren repetir: la misma inocencia, el mismo asombro, la misma belleza. Ahora es un eco lejano; parece como si la hubiese visto en un sueño.
Pero toda la religión nace de la cautivadora experiencia de la infancia, del asombro, de la verdad, de la belleza y de la hermosa danza de la vida en todas las cosas. Los cantos de los pájaros, los colores del arco iris, la fragancia de las flores recuerdan al niño, que ha perdido el Paraíso, en lo más profundo de su ser.
No es una coincidencia que todas las religiones del mundo tengan en sus parábolas la idea de que una vez el hombre vivió en el Paraíso y de alguna manera, por alguna razón, fue expulsado de él. Hay diferentes historias, diferentes parábolas, pero significando una verdad sencilla: estas historias son sólo un modo poético de decir que todo hombre nace en el Paraíso y después lo pierde. Los retrasados, los poco inteligentes, lo olvidan por completo.
Pero las personas inteligentes, sensibles, creativas, siguen estando obsesionadas por el Paraíso que una vez conocieron y que ahora permanece en ellas como una tenue memoria, difícil de creer. Empiezan a buscarlo de nuevo.
La búsqueda del Paraíso es nuevamente la búsqueda de tu infancia. Por supuesto, tu cuerpo no será ya el de un niño, pero tu conciencia puede ser tan pura como la de un niño. Este es el secreto del camino místico: hacerte de nuevo un niño inocente, sin contaminar por los conocimientos, sin saber nada, todavía consciente de todo lo que te rodea, con un profundo asombro y sentido del misterio que no puede ser desmitificado.
Alegría
Nadie permite a sus hijos bailar, cantar, gritar y saltar. Por razones triviales ‑quizá pueden romper algo, quizá se les moje la ropa con la lluvia si corren en el exterior‑, por pequeñas cosas se destruye por completo una gran cualidad espiritual: la alegría.
El niño obediente es elogiado por sus padres, por sus profesores, por todo el mundo, y el niño juguetón es censurado. Sus ganas de jugar podrían ser totalmente inofensivas, pero es censurado porque existe un peligro potencial de rebelión. Si el niño continúa creciendo con total libertad para ser juguetón, acabará siendo un rebelde. No será fácilmente esclavizado; no le podrán reclutar fácilmente en un ejército para destruir gente, o para que le destruyan.
El niño rebelde se convertirá en un joven rebelde. Entonces no podrás obligarle a que se case; no podrás obligarle a aceptar un determinado empleo; no se le podrá obligar a satisfacer los deseos incompletos y los anhelos de sus padres. La juventud rebelde seguirá su propio camino. Vivirá su propia vida de acuerdo con sus deseos más íntimos, no de acuerdo con los ideales de otra persona.
Por todas estas razones, se sofoca su capacidad de jugar, se la aplasta desde el principio. Nunca se le da una oportunidad a tu naturaleza. Poco a poco empiezas a cargar con un niño muerto en tu interior. Este niño muerto en tu interior destruye tu sentido del humor: no puedes reírte totalmente, con todo tu corazón, no puedes jugar, no puedes disfrutar de las cosas pequeñas de la vida. Te vuelves tan serio que tu vida, en vez de expandirse, comienza a encogerse.
La vida debe ser, en cada momento, una creatividad preciosa. No importa lo que crees, podrían ser sólo castillos en la arena, pero todo lo que haces debería salir de tu capacidad de jugar y de tu alegría.
Inteligencia
La inteligencia no es algo adquirido, es inherente, es de nacimiento, es intrínseca a la vida misma. No sólo los niños son inteligentes, los animales a su manera son inteligentes, los árboles a su manera son inteligentes. Por supuesto, todos ellos tienen diferentes tipos de inteligencia porque sus necesidades difieren, pero ahora es un hecho aceptado que todo lo que vive es inteligente. La vida no puede existir sin inteligencia; estar vivo y ser inteligente son sinónimos.
Pero el hombre es un dilema por la sencilla razón de que él no sólo es inteligente, además es consciente de su inteligencia. Esto es algo único, es su privilegio, su prerrogativa, su gloria, pero puede convertirse fácilmente en su agonía. El hombre es consciente de que es inteligente; esta conciencia conlleva sus propios problemas. El primer problema es que crea el ego.
El ego no existe en ningún otro lugar excepto en los seres humanos, y comienza a crecer cuando el niño comienza a crecer. Los padres, las escuelas, los colegios, la universidad, todos ayudan a reforzar el ego por la sencilla razón de que durante siglos el hombre ha tenido que luchar para sobrevivir, y la idea se ha convertido en una fijación, en un profundo condicionamiento inconsciente: sólo los egos fuertes pueden sobrevivir en la lucha por la vida. La vida se ha convertido sólo en una lucha por sobrevivir. Y los científicos lo han hecho incluso más convincente con la ley del más fuerte. Por eso ayudamos a todos los niños a reforzar el ego, y es ahí donde surge el problema.
A medida que el ego se va haciendo más fuerte, comienza a rodear a la inteligencia como si fuese una espesa capa de oscuridad. La inteligencia es luz, el ego es oscuridad. La inteligencia es muy delicada, el ego es muy duro. La inteligencia es como una rosa, el ego es como una roca. Y si quieres sobrevivir, dicen ‑los supuestos sabios‑ que tienes que volverte como una roca, tienes que ser fuerte, invulnerable. Tienes que convertirte en una fortaleza, una fortaleza cerrada, para que no puedas ser atacado desde el exterior. Tienes que hacerte impenetrable.
Pero entonces te cierras. Empiezas a morir en cuanto a tu inteligencia se refiere, porque la inteligencia necesita un cielo abierto, el viento, el aire, el sol para poder crecer, para expandirse, para fluir. Para seguir viva necesita fluir constantemente; si se estanca, se convierte poco a poco en un fenómeno muerto.
No permitimos a los niños que sigan siendo inteligentes. Lo primero es que, si son inteligentes, serán vulnerables, delicados, abiertos. Si son inteligentes serán capaces de ver las muchas falsedades que hay en la sociedad, en el Estado, en la Iglesia, en el sistema educativo. Se convertirán en rebeldes. Serán individuos; no serán fácilmente intimidados. Los puedes aplastar pero no los puedes esclavizar. Los puedes destruir pero no puedes obligarles a ceder. En un sentido, la inteligencia es algo muy suave, como una rosa; en otro, tiene su propia fuerza. Pero esta fuerza es sutil, no es grosera. Esta fuerza es la fuerza de la rebelión, la de una actitud insobornable. Uno no está dispuesto a vender su alma.
Observa a los niños pequeños y entonces no me preguntarás; verás su inteligencia. Sí, no son eruditos. Si pretendes que sean eruditos, es que no piensas que sean inteligentes. Si les haces preguntas que dependen de la información, no te parecerán inteligentes. Pero hazles preguntas reales que no tengan nada que ver con la información, que necesiten una respuesta inmediata, y verás: son más inteligentes que tú. Por supuesto, tu ego no te permitirá aceptarlo, pero si consigues aceptarlo te ayudará muchísimo. Te ayudará a ti, ayudará a tus niños, porque si eres capaz de ver su inteligencia, podrás aprender mucho de ellos.
Aunque la sociedad destruye tu inteligencia, no puede destruirla totalmente; sólo la cubre con muchas capas de información.
Y esta es toda la función de la meditación: llevarte hacia dentro profundamente. Es un método para profundizar en tu propio ser hasta llegar al punto donde se encuentran las aguas vivas de tu inteligencia, hasta que descubras la fuente de tu propia inteligencia. Sólo cuando hayas vuelto a descubrir a tu niño entenderás lo que quiero decir cuando enfatizo una y otra vez acerca de que los niños son realmente inteligentes.
La madre estaba preparando a Pedrito para ir a una fiesta. Cuando acabó de peinarle y colocarle el cuello de la camisa le dijo:
‑¡Ahora vete, hijo! Diviértete... ¡ y pórtate bien!
‑¡Por favor, mamá! ‑dijo Pedro‑. ¡Antes de que me vaya decídete por una de las dos!
¿Entiendes de qué estoy hablando? La madre estaba diciendo: «Diviértete... y pórtate bien.» Pero las dos cosas no pueden suceder a la vez. Y la respuesta del niño tiene un valor inmenso. Dice: «Por favor, antes de que me vaya decídete por una de las dos. Si dejas que me divierta, entonces no puedo comportarme; si quieres que me comporte, entonces no puedo divertirme.» El niño puede ver la contradicción claramente, que podría no ser tan evidente para su madre.
Un transeúnte le preguntó a un niño:
‑Hijo, ¿puedes decirme qué hora es?
‑Sí, por supuesto ‑respondió el niño‑, pero ¿para qué necesita saberla? ¡Está cambiando todo el rato!
Delante de la escuela colocaron una nueva señal de tráfico. Decía: «Conduzca despacio. ¡No mate un estudiante!»
Al día siguiente apareció, debajo de la señal, una frase garabateada con letra de niño que decía: «¡Espere al profesor!»
El pequeño Pedrito regresa de la escuela con una gran sonrisa dibujada en la cara.
‑Bueno, cariño, pareces muy contento. ¿Verdad que te gusta la escuela?
-No seas tonta, mamá ‑responde el niño‑. ¡No se debe confundir el ir con el volver!
Mientras va andando lentamente hacia la escuela, el niño reza:
‑Amado Dios, por favor no dejes que llegue tarde a la escuela. Te lo ruego, Dios mío, haz que llegue a tiempo...
En ese mismo momento pisa una piel de plátano y resbala unos metros en el camino. Mientras se levanta, mira irritado hacia el cielo y dice:
‑¡Vale, vale, Dios! ¡No hace falta que empujes!
La joven profesora escribió en la pizarra:
‑No me he divertio en todo el verano.
Entonces preguntó a los niños:
‑¿Qué está equivocado en esta frase y qué debo hacer para corregirlo?
Ernestito gritó desde atrás:
‑Échate un novio.
Un niño pequeño estaba haciendo un test con un psicólogo:
‑¿Qué quieres ser de mayor? ‑preguntó el psicólogo.
‑Quiero ser médico, pintor o ¡limpiacristales! ‑responde el niño.
Confundido, el psicólogo le preguntó:
‑Pero.... no lo tienes demasiado claro, ¿no?
‑¿Por qué no? Lo tengo muy claro. ¡Quiero ver mujeres desnudas!
El padre le estaba contando historias a sus hijos en el comedor después de cenar:
‑Mi bisabuelo luchó en la guerra contra Rosas, mi tío luchó en la guerra contra el Káiser, mi abuelo luchó en la guerra de España contra los republicanos y mi padre luchó en la segunda guerra mundial contra los alemanes.
A lo que el más pequeño respondió:
‑¡Mierda! ¿Qué le pasa a esta familia? ¡No se lleva bien con nadie!
Inocencia
Los niños pequeños son inocentes; pero no se lo han ganado, es natural. En realidad son ignorantes, pero su ignorancia es mejor que la supuesta cultura, porque la persona culta está simplemente ocultando su ignorancia con palabras, teorías, ideologías, filosofías, dogmas y credos. Está tratando de ocultar su ignorancia, pero con sólo rascar un poco no encontrarás en su interior sino oscuridad, no encontrarás sino ignorancia.
Los niños están en mucho mejor situación que las personas cultas porque son capaces de ver. A pesar de ser ignorantes, son espontáneos, tienen atisbos de inmenso valor.
Un niño pequeño, al que le había entrado el hipo, gritó:
‑Mamá, ¡estoy tosiendo del revés!
Una madre muy parlanchina llevó a su hijo a la consulta del psiquiatra para que lo examinara. El psiquiatra examinó al pequeño y le sorprendió que no prestara ninguna atención a sus preguntas.
-¿Tienes algún problema oyendo? ‑le preguntó el psiquiatra.
‑No ‑contestó el niño‑. Tengo problemas escuchando.
¿Entiendes lo que está diciendo? Escuchar y oír son dos cosas totalmente diferentes. El niño había dicho: ‑No tengo problemas oyendo, pero escuchar me cansa. Uno tiene que oír (la cotorra de la madre está ahí), pero tengo problemas escuchando. No puedo prestar atención. ‑La madre y su manera de cotorrear han destruido algo de gran valor en el niño: su capacidad de atención. Está completamente aburrido.
El profesor de segundo grado envió a la pizarra a los niños para resolver problemas aritméticos.
Uno de los niños dijo:
‑Me se ha acabado la tiza.
‑Eso no es correcto ‑respondió el profesor‑. El modo correcto es: «Se me ha acabado la tiza, se te ha acabado la tiza, se nos ha acabado la tiza, se les ha acabado la tiza.» ¿Entiendes ahora?
‑No ‑dijo el niño, ¿Qué ha pasado con toda la tiza?
El reloj acababa de dar las tres de la madrugada cuando la hija adolescente del sacerdote regresó del baile. El sacerdote y su esposa habían estado esperando a la muchacha levantados, y cuando apareció por la puerta éste le dijo con desprecio:
‑Buenos días, hija del demonio.
Hablando suavemente, como debería hacerlo cualquier muchacha, ésta respondió:
‑Buenos días, padre.
El profesor estaba tratando de enseñar a restar.
‑Ahora, Hugo ‑dijo‑, si tu padre ganase 30.000 pesetas a la semana y le descontaran 1.000 pesetas del seguro, 2.000 de la Seguridad Social y 5.000 de impuestos, y entonces le diera a tu madre la mitad, ¿qué tendrá ella?
‑¡Un ataque al corazón! ‑dijo el niño.
La cena había terminado. El padre y su hijo de nueve años estaban en la sala de estar mirando la televisión. La madre y la hija estaban en la cocina lavando los platos sucios de la cena. De repente, el padre y el hijo escucharon un tremendo sonido al romperse algo en la cocina. Esperaron un momento sobresaltados pero no escucharon ni un ruido.
‑Ha sido mamá la que ha roto el plato ‑dijo el niño.
‑¿Cómo lo sabes? ‑preguntó su padre.
‑Porque ‑respondió el hijo‑ ¡no ha dicho nada!
Desde la cocina llegó el sonido del estruendo de un vaso roto o una porcelana rota.
‑¡Guillermito! ‑gritó su madre desde la sala‑. ¿Qué demonios estás haciendo en la cocina?
‑Nada ‑dijo Guillermito‑. ¡Ya he terminado!
Un vendedor que había estado trabajando en el área de Nueva Inglaterra iba a ser trasladado a California. El traslado había sido el principal tema de conversación en su casa durante semanas. La noche anterior al gran traslado, su hija de cinco años se puso a rezar sus oraciones y dijo:
‑Y ahora, Dios, me tendré que despedir para siempre porque ¡mañana nos vamos a California!
,¡Cómo conseguiste de niño mantener tu propia claridad y no dejarte intimidar por los adultos que te rodeaban.1 ¿De dónde sacaste la valentía necesaria?
La inocencia es valentía y claridad a la vez. No necesitas tener valentía si eres inocente. Tampoco necesitas claridad porque no hay nada más claro, más transparente, que la inocencia. Por lo tanto, la cuestión consiste en cómo proteger la propia inocencia. La inocencia no es algo que se pueda conseguir. No es algo que tenga que aprenderse. No es algo como un talento: la pintura, la música, la poesía, la escultura. No es como ese tipo de cosas. Es más parecido a respirar, algo con lo que naces.
La inocencia está en la naturaleza de todo el mundo. Todo el mundo nace inocente. ¿Cómo puede uno nacer sin ser inocente? Nacer significa que uno ha entrado en el mundo como una tabula rasa, sin nada escrito. Sólo tienes futuro, no tienes pasado. Este es el significado de la inocencia. Por eso trata primero de entender todos los significados de la inocencia.
El primero es: no hay pasado, sólo hay futuro. Llegas al mundo como un observador inocente. Todo el mundo llega de la misma manera, con la misma cualidad de conciencia.
La pregunta es: ¿cómo me las he arreglado para que nadie pudiera corromper mi inocencia, mi claridad?; ¿de dónde saqué el coraje?; ¿cómo conseguí no ser humillado por los adultos y su mundo?
No he hecho nada, o sea que no se trata del cómo. Sencillamente sucedió, de modo que no puedo atribuírmelo.
Quizá esto es algo que le sucede a todo el mundo, pero comienzas a interesarte por otras cosas. Empiezas a negociar con el mundo de los adultos. Tienen muchas cosas que ofrecerte; tú sólo tienes una, y es tu integridad, tu dignidad. No tienes demasiado, sólo una cosa; puedes llamarlo como quieras: inocencia, inteligencia, autenticidad. Sólo tienes eso.
Y el niño está naturalmente muy interesado en todo lo que ve a su alrededor. Continuamente queriendo tener esto, tener aquello; es parte de la naturaleza humana. Si te fijas en un niño pequeño, incluso en un recién nacido, puedes ver que ha empezado a buscar a tientas; sus manos están tratando de encontrar algo. Ha iniciado el viaje.
En el viaje se perderá, porque en este mundo no puedes conseguir nada sin pagar por ello. Y el pobre niño no puede entender que lo que está entregando es tan valioso que, aunque todo el mundo estuviese de un lado y su integridad del otro lado, su integridad seguiría teniendo más peso, más valor. No tiene manera de saberlo. Este es el problema, porque el niño tiene sencillamente lo que tiene. Lo da por hecho.
Me estás preguntando cómo me las arreglé para no perder mi inocencia y mi claridad. No he hecho nada; simplemente, desde el principio... era un niño solitario porque fui criado por mis abuelos maternos; no estaba con mis padres. Estos dos ancianos estaban solos y querían un niño que fuera la alegría de sus últimos días. Por eso mis padres accedieron: yo era el hijo mayor, el primogénito, y me enviaron con aquellos.
Durante los primeros años de mi infancia no recuerdo haber guardado ninguna relación con la familia de mi padre. Sólo me relacionaba con esos dos hombres ‑mi abuelo y su criado, que era un hombre muy hermoso‑ y con mi anciana abuela..., con esas tres personas. Y la distancia era tan grande... que estaba completamente solo. No eran una compañía, no podían hacerme compañía. Se esforzaban todo lo que podían en ser amistosos conmigo, pero era sencillamente imposible.
Me dejaron solo. No les podía contar nada. No tenía a nadie más, porque en ese pueblecito mi familia era la más rica, y era un pueblo tan pequeño ‑en total no había más de doscientas personas‑ y tan pobre que mis abuelos no dejaban que me mezclara con los niños del pueblo. Estaban sucios y, por supuesto, eran casi pordioseros. De modo que no había manera de tener amigos. Esto me causó un gran impacto. En toda mi vida nunca he sido amigo nadie, y nadie ha sido amigo mío. Sí.... he tenido conocidos.
En esos primeros años estaba tan solo que comencé a disfrutarlo; y realmente es una alegría. De modo que, para mí, aquel hecho no fue una maldición, sino que demostró ser una bendición. Empecé a disfrutarlo y a sentirme autosuficiente; no dependía de nadie.
Nunca me han interesado los juegos por la sencilla razón de que desde mi infancia no había manera de jugar, no tenía con quien jugar. Todavía me puedo ver en esos primeros años, simplemente sentado.
Nuestra casa se encontraba en un hermoso lugar que teníamos justo enfrente de un lago. A lo lejos, kilómetros y kilómetros de lago.... era tan hermoso y tan silencioso. La paz sólo se alteraba de vez en cuando, al ver una fila de grullas blancas volando o lanzando llamadas de amor; de lo contrario, era exactamente el lugar ideal para la meditación. Y cuando una llamada de amor de un pájaro alteraba la paz..., después de su llamada la paz se ahondaba, se hacía más profunda.
El lago estaba lleno de flores de loto, y me solía sentar durante horas por allí muy a gusto, como si el mundo no tuviera importancia: las flores de loto, las grullas blancas, el silencio...
Y mis abuelos eran muy conscientes de una cosa: que yo disfrutaba de mi soledad. Habían estado observando continuamente que no tenía ningún deseo de ir al pueblo a encontrarme con nadie, o de hablar con alguien. Incluso si querían hablar, mis respuestas eran sí o no; tampoco tenía interés en hablar. Por eso se dieron cuenta de una cosa, que disfrutaba de mi soledad y que era una obligación sagrada el no molestarme.
Sueles decir a los niños:
‑Estate en silencio porque tu padre está pensando, o tu abuelo está descansando. Estate quieto, siéntate en silencio.
En mi infancia sucedió lo contrario. En este momento no puedo contestar ni por qué y ni cómo; ocurría. Por eso digo que sencillamente ocurría, no me puedo atribuir el mérito de la situación.
Estas tres personas mayores estaban continuamente haciéndose señas unos a otros:
‑No le molestes; lo está pasando muy bien. ‑Y empezaron a amar mi silencio.
El silencio tiene su vibración, es contagioso particularmente el silencio de un niño cuando no es impuesto, cuando no se debe a que le estés diciendo: ‑Te pegaré si molestas o haces ruido. ‑No, eso no es silencio. Eso no creará la vibración de alegría de la que estoy hablando; cuando un niño está en silencio espontáneamente, disfrutando sin motivo, su alegría no tiene causa; eso crea grandes ondas que se extienden a su alrededor.
En un mundo mejor, cada familia aprenderá de los niños. Tienes mucha prisa en enseñarles. Nadie parece aprender de ellos y tienen mucho para enseñarte. Y tú no tienes nada que enseñarles.
Sólo porque eres mayor y más poderoso empiezas a hacerlos como tú sin ni siquiera ponerte a pensar qué eres tú, hasta dónde has llegado, cuál es el estatus de tu vida interior. Eres un pobre; ¿y deseas lo mismo para tu hijo?
Pero nadie piensa; de otro modo la gente aprendería de los niños pequeños. Los niños traen mucho del otro mundo porque están recién llegados. Todavía llevan consigo el silencio del útero, el silencio de la existencia.
Por eso, fue sólo una coincidencia el que durante siete años permaneciera sin ser molestado, sin nadie que me regañara, que me preparara para el mundo de los negocios, la política, la diplomacia. Mis abuelos, especialmente mi abuela, tenían más interés en dejarme tan natural como fuera posible. Mi abuela es una de las causas ‑estas pequeñas cosas afectan a todos tus patrones de vida‑ de mi respeto por las mujeres.
Era una mujer muy sencilla, sin estudios, pero de inmensa sensibilidad. Ella se lo aclaró a mi abuelo y a su criado:
‑Todos nosotros hemos vivido un tipo de vida que no nos ha llevado a ningún sitio. Estamos más vacíos que nunca y ahora se acerca la muerte. Dejemos sin influir a este niño ‑insistió‑. ¿Qué influencia podemos ejercer? Sólo podemos hacerle como nosotros, y nosotros no somos nada. Démosle una oportunidad de ser él mismo.
Siento un profundo agradecimiento a esta anciana. Mi abuelo no hacía más que preocuparse, porque antes o después sería el responsable:
‑Nos van a decir: «Os dejamos a nuestro hijo y no te habéis enseñado nada.»
Mi abuela ni siquiera permitió que‑‑‑, porque había en el pueblo un hombre que podría haberme enseñado, al menos, los rudimentos del lenguaje, de las matemáticas, un poco de geografía. Él había estudiado hasta cuarto grado; los cuatro primeros cursos de lo que se llama educación primaria en la India. Pero era la persona más instruida del pueblo.
Mi abuelo insistió con tesón:
‑Puede venir a enseñarle. Por lo menos aprenderá el alfabeto y algo de matemáticas, para que cuando vaya a ver a sus padres no nos digan que hemos desperdiciado completamente estos siete años.
Pero mi abuela dijo:
‑Después de estos siete años, déjales que hagan lo que quieran.
durante siete años sólo tuvo que mostrar su ser natural y nosotros no interferimos.
Y su argumento era siempre:
‑Tú te sabes el alfabeto, ¿Y qué? Sabes matemáticas, ¿Y qué? Has ganado un Poquito de dinero; ¿también quieres que él gane un poquito de dinero y viva como tú?
Eso bastaba para mantener callado al anciano. ¿Qué podía hacer? Estaba metido en un aprieto porque no podía discutir, y sabía que le harían responsable a él, no a ella, porque mi padre iba a preguntarle:
‑¿Qué has hecho?
Y efectivamente este habría sido el caso, pero afortunadamente murió antes de que mi padre pudiera preguntárselo.
Pero mi padre estaba repitiendo continuamente:
‑Ese viejo es el responsable, él ha malcriado a este niño.
Pero en ese momento yo ya era suficientemente fuerte y se lo dejé bien en claro:
‑Delante de mí, nunca digas ni una sola palabra en contra de mi abuelo materno. Él me salvó de que me malcriaras; eso es lo que te da rabia. Pero tienes más hijos; edúcalos a ellos. Y ya me dirás al final quién es el malcriado.
Él tenía otros hijos, y fueron naciendo cada vez más niños.
Le solía tomar, el pelo:
‑Por favor, ten un niño más, completa la docena. ¿Once niños?, la gente pregunta: «¿Cuántos niños? Once no suena bien; una docena causa mejor impresión.»
Y años más tarde le solía decir:
‑Tú sigue mimando a todos tus hijos; yo soy salvaje y seguiré siéndolo.
Lo que tú percibes como inocencia no es nada más que salvajismo. Lo que tú crees que es claridad no es más que salvajismo. De algún modo he escapado a las garras de la civilización.
Y una vez que fui suficientemente fuerte... Y por eso es que la gente insiste:
‑Hazte cargo del niño tan pronto como puedas, no malgastes el tiempo, porque cuanto antes empieces, más fácil es. Una vez que el niño se hace suficientemente fuerte, entonces será difícil doblegarlo de acuerdo con tus deseos.
Y la vida está dispuesta en círculos de siete años. Una vez que el niño tiene siete años ya es suficientemente fuerte; ya no puedes hacer nada. Ahora sabe dónde ir, qué hacer. Ya es capaz de discutir. Es capaz de ver lo que está bien y lo que está mal. Y esa claridad alcanzará su clímax cuando tenga siete años. Si tú no interfieres en sus primeros años, a los siete años lo tendrá todo tan claro que vivirá toda su vida sin ningún arrepentimiento.
Yo he vivido sin ningún arrepentimiento. He intentado averiguar: ¿he hecho alguna vez algo equivocado? No se trata de que la gente piense que todo lo que yo he hecho está bien, no es ése el asunto: nunca he pensado que nada de lo que he hecho estuviese mal. El mundo entero podría pensar que estaba mal, pero yo tengo la absoluta certeza de que estaba bien; hice lo que correspondía.
Embarazo, nacimiento,
infancia
Si los iluminados no tienen hijos, y los neuróticos no son aptos para la paternidad, ¿cuál es el momento adecuado?
OS ILUMINADOS no tienen hijos; los neuróticos no deberían tenerlos. Justamente entre los dos existe un estado de salud mental, de no neurosis: no eres ni neurótico ni iluminado, sencillamente sano. Justo en el medio. Ese es el momento adecuado para la paternidad, para ser madre o ser padre.
Este es el problema: la gente neurótica tiende a tener muchos hijos. La persona neurótica tiende, en su neurosis, a crear a su alrededor un espacio muy ocupado. No deberían hacerlo porque eso es ocultar aquélla. Deberían encarar la realidad de su neurosis y trascenderla.
Un iluminado no necesita tener hijos. Él se ha dado el nacimiento supremo a sí mismo. No tiene necesidad de dar nacimiento a nadie más. Se ha convertido en padre y madre de sí mismo. Se ha convertido en un útero para sí mismo y ha renacido.
Pero entre los dos extremos, cuando no hay neurosis meditas, te vuelves un poco más alerta, más consciente. Tu vida no es sólo oscuridad. La luz no es tan penetrante como cuando uno se ha
convertido en un buda, pero hay una llama tenue. Ese es el momento correcto para tener hijos, porque entonces serás capaz de dar algo de tu consciencia a tus hijos. Si no, ¿qué regalo les vas a hacer? Les darás tu neurosis.
He oído contar: un hombre que tenía dieciocho hijos se los llevó a una feria de ganado. En la exhibición había un toro campeón valorado en un millón y medio de pesetas y para entrar a verlo había que pagar un extra de diez pesetas. El hombre pensó que el precio era exorbitante, pero sus hijos querían ver el animal, de modo que se aproximaron hasta las vallas del recinto. El encargado dijo:
Todos estos niños son suyos, señor?
‑Sí, lo son ‑respondió el hombre‑ ¿Por qué?
El encargado exclamó:
-Bueno, ¡espere aquí un minuto y sacaré al toro para que le pueda ver!
¡Dieciocho hijos! Hasta el toro se pondría celoso.
Tú sigues reproduciendo inconscientemente tus propias réplicas. Piensa primero: ¿estás en un estado tal que si das nacimiento a un niño estarás haciéndole un regalo al mundo?; ¿eres una bendición para el mundo, o una carga? Y después piensa: ¿estás preparado para hacer de madre o de padre de un niño?; ¿estás preparado para dar amor incondicionalmente? Porque los niños vienen a través de ti, pero no te pertenecen. Les puedes dar amor pero no deberías imponerles tus ideas. No deberías darles tus estilos neuróticos. ¿Permitirás que florezcan espontáneamente? ¿Les darás la libertad suficiente para ser ellos mismos? Si estás listo, entonces está bien. De otro modo, espera; prepárate.
Con el hombre, la evolución consciente ha hecho aparición en el mundo. No seas como los animales, que se reproducen inconsciente m ente. Prepárate antes de querer tener un hijo. Hazte más meditativo, vuélvete más aquietado y pacífico. Libérate de todas las neurosis que tienes en tu interior. Espera el momento en el que estés absolutamente limpio, entonces ten un hijo. Entonces dale tu vida a tu hijo, dale tu amor. Estarás ayudando a crear un mundo mejor.
Estoy embarazada. He decidido abortar y creía que estaba contenta con la decisión, pero desde entonces siempre que pienso en ello me siento triste
Esta será una tristeza momentánea. Si quieres ser madre es que quieres meterte en problemas más graves, porque una vez que tengas el niño no será un asunto que se pueda resolver fácilmente.
La madre no puede tener su propio crecimiento, no puede trabajar; tiene que cuidar a los niños. Y entonces aparecen las complicaciones.
Una vez que hayas terminado tu propio trabajo de crecimiento, entonces todo está perfectamente bien. Un niño debería ser un pasatiempo, debería ser el lujo más elevado. Entonces te puedes permitir el lujo de ser madre, de lo contrario te creará problemas. 0 sea que tú decides. Nadie te está obligando, es una decisión tuya: sí quieres convertirte en madre, entonces quieres convertirte en madre. Pero asume también las consecuencias.
La gente no es consciente de lo que está haciendo cuando quiere traer un niño al mundo. Si no, sentirían pena por esto, en vez de sentir pena por un aborto. Simplemente piensa en ambas posibilidades: ¿qué le vas a dar al niño?; ¿qué es lo que tienes para darle al niño? Le transmitirás todas tus tensiones a su ser y él repetirá el mismo tipo de vida que tú. Irá al psicoanalista, irá al psiquiatra y toda su vida será un problema, como le ocurre a todo el mundo. ¿Qué derecho tienes de traer un espíritu a este mundo cuando no puedes dar a la persona un ser saludable y completo? ¡Es un crimen! Las personas piensan justo lo contrario: piensan que el aborto es un crimen. Pero el niño encontrará otra madre, porque nada muere. Y hay muchas, muchas mujeres que estarán felices de tener un hijo; sólo que tú no serás la responsable.
No te estoy diciendo que no seas madre; te estoy diciendo que seas consciente de que ser madre es un gran arte, es un gran logro. Primero crea en ti esa cualidad, esa creatividad, esa alegría, esa celebración, y entonces invita al niño. Entonces tendrás algo que darle al niño ‑tu celebración, tu canción, tu danza y no crearás un ser patológico. El mundo está demasiado lleno de seres patológicos. ¡Deja que sufra algún otro planeta! ¿Por qué esta Tierra? El mundo está famélico, la gente se está muriendo de hambre y no hay comida, toda la ecología está alterada y la vida está haciéndose más fea e infernal; este no es el momento correcto.
Y aunque pienses que está bien, que el mundo sabe ocuparse de sí mismo, que se las arreglarán, sigues teniendo que pensar en tu hijo. ¿Estás preparada para ser madre? Ese es el asunto. Si piensas que estás preparada, adelante: ten un hijo. Cuando estés preparada, estarás feliz de tener un hijo, y el niño estará feliz de lo afortunado que ha sido al tener una madre como tú. Si no es así, vete a cualquier psiquiatra y pregúntale: «¿Cuáles son los problemas de la gente?» Pueden resumirse en una sola cosa: la madre; porque fue incapaz de crear un útero psicológico, de crear un útero espiritual. Psicológicamente era una neurótica, espiritualmente estaba vacía, por eso no había alimento espiritual para el niño, ni nutrición. El niño llega al mundo como un ser físico, sin alma, sin un centro. La madre no estaba centrada; ¿cómo puede el niño estar centrado? El niño es sólo la continuación, una continuidad M ser de la madre.
Si uno ve todas las implicaciones de esto, habrá menos gentes que decidan convertirse en padres. Si menos gentes decidieran ser padres, habría un mundo mejor. Estaría menos poblado, menos neurótico, menos patológico, menos loco.
Todavía no tenemos ningún hijo y me apetece, en parte, tener uno. Ahora tengo treinta y dos años y me siento preparada, pero me gustaría escuchar tu consejo
Sólo una cosa. Cuando hagas el amor, hazlo siempre después de meditar. Ten como criterio el meditar, y sólo cuando la energía sea muy meditativa, sólo entonces, haz el amor. Cuando estás en un estado profundo de meditación y la energía está fluyendo, concibes un espíritu de una cualidad más elevada. El tipo de espíritu que entra en ti depende de dónde estés.
Esto sucede casi siempre: las personas hacen el amor cuando se sienten sexuales. La sexualidad es un centro inferior. Sucede a veces que, cuando la gente está enfadada y peleando, hace el amor. Eso también es muy bajo. Le abres tu puerta a un espíritu mucho menos elevado. 0 la gente hace el amor como una rutina, como un hábito mecánico, algo que tiene que hacerse todos los días, o dos veces a la semana, o lo que sea. Lo hacen de un modo rutinario o como parte de una higiene física, pero entonces es muy mecánico. No pones en ello nada de tu corazón y, entonces, permites que entren espíritus muy inferiores. El amor debería ser como una oración. El amor es sagrado. Es lo más sagrado que existe en el hombre.
Por eso lo primero es prepararse uno mismo para adentrarse en el amor. Reza, medita, y cuando estés lleno de una energía diferente, que no tiene nada que ver con lo físico, de hecho nada que ver con lo sexual, entonces te haces vulnerable a un espíritu superior. Y por eso depende mucho de la madre.
Si no eres muy consciente de esto, te enredarás con un espíritu vulgar. La gente casi no es consciente de lo que está haciendo. Incluso cuando vas a comprar un coche te lo piensas mucho. Cuando vas a comprar los muebles de tu habitación, tienes mil y una alternativas, le das muchas vueltas, cuál de ellos encajará. Pero cuando se trata de los hijos, nunca piensas qué tipo de hijo te gustaría, qué tipo de espíritu vas a invocar, a invitar.
Y hay millones de alternativas... desde Judas a Jesús, desde el espíritu más oscuro al más sagrado. Las alternativas son millones y tu actitud decidirá. Según cuál sea tu actitud, te harás disponible para ese tipo de espíritu.
Creo que estoy embarazada. ¿Existe alguna meditación o se puede hacer algo que sea beneficioso para el bebé o para nosotros?
Simplemente, sé tan feliz y tan amorosa como puedas. Evita las negatividades; eso es lo que destruye la mente de] niño. Cuando el niño está formándose no sólo sigue tu cuerpo, también sigue tu mente, porque ésas son las improntas. Por eso, si eres negativo, la negatividad comienza a formar parte de la composición del niño desde el principio. Luego, el camino para librarse de ello es largo y duro. Si las madres fueran un poquito más cuidadosas no sería necesaria la terapia del grito esencia *. Si las madres fueran un poquito más cuidadosas, desaparecería el psicoanálisis como profesión.
El psicoanálisis es un gran negocio a causa de las madres. La madre tiene realmente una gran importancia, porque durante nueve meses el niño vivirá en el clima de la madre; embeberá su mente, toda su mente.
Por eso, no seas negativa. Ten cada vez más una actitud afirmativa, aunque a veces esto parezca difícil. Pero, por el niño, hay que hacer al menos este sacrificio. Si realmente quieres tener un hijo que valga algo, con integridad, con individualidad y feliz, entonces tienes que hacer ese sacrificio. Eso es parte de ser madre: ese sacrificio. Por eso, no seas negativa; evita todas las negatividades. Evita la rabia, evita los celos, evita la posesión, quejarte, luchar, evita todos esos espacios. No te los puedes permitir, ¡estás creando un nuevo ser! Este trabajo tiene tanta importancia que no puedes ser ni tonta ni estúpida.
Disfruta cada vez más, reza, baila, canta, escucha buena música: no la música pop. Escucha música clásica, que es tranquilizante y que va al inconsciente profundamente, porque el niño sólo la puede oír desde allí.
Siéntate en silencio todo lo que puedas, disfruta de la naturaleza. Estate junto a los árboles, los pájaros, los animales, porque son realmente inocentes. Todavía son parte del jardín del Edén, de aquí sólo han sido expulsados Adán y Eva. Incluso el árbol del conocimiento está todavía en el jardín del Edén; sólo Adán ha sido expulsado. Por eso ve más a la naturaleza y relájate, para que el niño crezca en un útero relajado, no tenso; de lo contrario, el niño comenzará a ser neurótico desde el principio.
(Al padre:) Y ayúdala durante estos días de modo que pueda ser más positiva. No le provoques hacia la negatividad. Dale cada vez más tiempo para que pueda sentarse en silencio, estar con los árboles, escuchar los pájaros, escuchar música. Evita cualquier situación que tú creas que puede convertirse en una provocación para que ella se ponga negativa. Sé más amoroso, disfruta del silencio del otro, porque los dos vais a dar nacimiento a algo que es divino. Todos los niños son divinos. y cuando algo grande va a suceder, cuando un gran huésped va a venir a tu casa, tú no luchas. Y éste podría ser el huésped más importante que jamás venga a verte; por eso, durante estos nueve meses sed cuidadosos, precavidos, vigilantes.
Sed más amorosos y menos sexuales. Si el sexo surge a partir de ser amorosos, de acuerdo, pero no sexo por sí mismo. Desde el principio, esto le da al niño una sexualidad profundamente enraizada. El sexo está bien en un contexto amoroso, como parte del amor, del mismo modo que uno se coge de las manos y se abraza, como parte del amor. Un día haces el amor pero como parte del amor. Entonces no es sexualidad; es sólo comunión.
Si durante estos nueve meses puedes evitar el sexo por el sexo, esto será un gran regalo para el niño. Entonces su vida no estará obsesionada con el sexo como lo están las vidas de las personas.
¿Hay algo que pueda hacer la madre para que el proceso del nacimiento sea más fácil para el niño?
Sin duda la madre puede hacer mucho, pero sólo lo puede hacer no haciendo. Por eso, simplemente relájate. Sólo hay que acordarse de no interferir, y cuando empieces a sentir dolor, sencillamente acompáñalo. Cuando empiezas a sentir los movimientos en el vientre, el cuerpo empieza a prepararse para el nacimiento y hay una pulsación rítmica en tu interior.. La gente piensa que esa pulsación es dolorosa; no es dolorosa; es nuestra interpretación equivocada lo que la hace dolorosa.
Por eso, cuando aparezcan las contracciones, simplemente acéptalas, flota con ellas. Es como inspirar y espirar, de igual modo el vientre y el canal de nacimiento empiezan a expandirse y a encogerse. Esto es sólo una manera de crear un conducto para el niño. Cuando sientes ese dolor, cuando decides que es dolor, empiezas a luchar en su contra porque es muy difícil no luchar contra el dolor. Cuando empiezas a luchar, empiezas a interferir con el ritmo. Esta interferencia es muy destructiva para el niño. Si la madre simplemente ayuda al niño, si todo lo que le pasa a la madre acompaña al cuerpo ‑se expande con el cuerpo, se encoge con el cuerpo, permite las contracciones y las disfruta‑, es realmente un gran placer. Pero depende de cómo te lo tomes.
Por ejemplo, ahora, al menos en Occidente, la gente tiene ideas más avanzadas sobre el sexo. De otro modo, en el pasado, a través de los siglos, la primera experiencia sexual era muy dolorosa para la mujer. Ella estaba temblando porque desde su infancia le enseñaron que era repugnante, muy animal, por eso estaba temblando de miedo. Cuando la luna de miel se acercaba, la mujer se echaba a temblar. Ella tenía que ir a través de la prueba, era una prueba, y por supuesto dolorosa. Pero ahora, al menos en Occidente, el dolor ha desaparecido. Es una hermosa experiencia, es orgásmica.
Lo mismo pasa con el nacimiento. Es un orgasmo más grande que el sexual, porque en el orgasmo sexual tu cuerpo sigue un ritmo: se expande, se encoge, se expande, se encoge, pero no tiene ni punto de comparación como cuando vas a dar a luz. Dar a luz a un niño es un orgasmo un millón de veces más grande. Si te lo tomas como un orgasmo ‑feliz, dichosa, disfrutándolo, eso es todo‑, entonces el niño sale del pasaje ayudado por ti. De lo contrario, si la madre está luchando ‑el niño quiere salir y la madre está luchando‑ y no está permitiendo el movimiento que es necesario, el movimiento preciso... Algunas veces el niño se atasca, su cabeza se atasca. Si esto sucede, el niño lo padecerá toda su vida. No será tan inteligente como podría haberlo sido, porque su cabeza es muy delicada y el cerebro todavía se está desarrollando. Un pequeño shock, una pequeña obstrucción bastan para que su cerebro ya no sea tan saludable como podría haberlo sido.
Por lo tanto, colabora, disfrútalo. Tómatelo como si estuvieras experimentando un gran orgasmo, eso es todo. La mayor ayuda que le puedes prestar al niño es no interferir. Entonces el niño saldrá fácilmente, relajado, en un dejarse ir. No necesitará terapia del grito esencial; de lo contrario, todo el mundo necesitaría esta terapia porque todo el mundo sufre el trauma del nacimiento. Y ha sido muy doloroso para el niño. Sólo es su primera experiencia, y es tan desagradable, tan sofocante que casi mata al niño: el conducto es estrecho, la madre está tensa y el niño no puede salir del conducto.
Esta es su primera experiencia. Por lo tanto, su primera experiencia es infernal y luego toda su vida es desdichada. Deja que esa primera experiencia sea un hermoso fluir y constituya una base para el niño.
¿Cómo se puede conseguir que el nacimiento de un niño sea lo más agradable posible?
Cuando el niño sale del vientre, es la mayor conmoción de su vida. Ni siquiera la muerte será una conmoción tan grande, porque la muerte llega sin avisar. La muerte le llegará muy probablemente cuando esté inconsciente. Pero mientras está saliendo del vientre de la madre está consciente. Su largo y hermoso sueño de nueve meses se ve interrumpido y entonces le cortas el cordón que le une a la madre.
En el momento en que cortas el cordón que le une a la madre has creado un individuo lleno de miedo.
Esto no es lo adecuado; pero así es como se ha hecho hasta ahora.
Hay que separar al niño de su madre más despacio, más gradualmente. No se debería producir esa conmoción, y eso se puede arreglar. Es posible hallar una solución científica.
En la habitación no debería de haber luces deslumbrantes, porque el niño ha vivido durante nueve meses en una oscuridad absoluta y sus ojos que nunca han visto la luz, son muy delicados. Y en todos los hospitales hay luces deslumbrantes, tubos fluorescentes, y el niño es expuesto a la luz súbitamente... Casi todo el mundo tiene los ojos delicados por culpa de esto; más adelante tendrán que usar gafas. Ningún animal las necesita. ¿Has visto a algún animal con gafas leyendo el periódico? Sus ojos están perfectamente sanos durante toda su vida, hasta el momento de su muerte. Es sólo el hombre... Y esto ocurre desde el principio. No, el niño debe nacer en la oscuridad o con una luz muy suave, quizá de velas. La oscuridad sería lo mejor, pero si se necesita un poco de luz, las velas servirán. ¿Y qué han estado haciendo los médicos hasta ahora? No le dan tiempo al niño para que se adapte a la nueva realidad. La manera en que reciben al niño es desagradable. Levantan al niño por los pies y le dan una palmada en las nalgas. Detrás de este estúpido ritual se esconde la idea de que esto ayudará a respirar al niño porque en el vientre de la madre no estaba respirando por sí mismo; la madre respiraba por él, comía por él, hacía todo por él.
No es un buen comienzo que para darte la bienvenida te cuelguen boca abajo y te den una palmada en las nalgas.
Pero el médico tiene prisa. Si no fuera así, el niño empezaría a respirar por su cuenta; habría que dejarlo sobre el vientre de la madre, encima del vientre. Antes de cortar el cordón umbilical se le debería dejar encima del vientre. Estaba dentro del seno materno, en el interior; ahora está afuera. No es un cambio demasiado grande. La madre está ahí, la puede tocar, la puede sentir. Conoce su vibración. Es perfectamente consciente de que ésta es su casa. Ha salido fuera pero ésta es su casa. Dejadle estar un poco más con su madre para que se familiarice con ella por fuera; ya la conoce por adentro.
Y no cortes el cordón que le une hasta que empiece a respirar él solo.
¿Qué se hace actualmente? Cortamos el cordón y le damos una palmada para que así tenga que respirar. Pero esto es obligarle, esto es violento, no es científico en absoluto y es antinatural.
Déjale que respire por su cuenta. Sólo le llevará unos minutos. No tengas tanta prisa. Se trata de la vida entera de un hombre. Puedes fumarte tu cigarrillo dos o tres minutos más tarde, le puedes susurrar dulces tonterías a tu novia unos minutos más tarde. No le va a hacer daño a nadie. ¿Cuál es la prisa? ¿No puedes concederle tres minutos? Un niño no necesita más que eso. Si se le deja solo, en tres minutos empieza a respirar. Cuando comienza a respirar, adquiere la confianza de que puede vivir por su cuenta. Ya puedes cortar el cordón, no sirve de nada; no le producirá ninguna conmoción al niño.
Después, lo más importante es que no le tapes con mantas en la cama. No, durante nueve meses estuvo sin mantas, desnudo, sin almohadas, sin sábanas, sin cama. No hagas un cambio tan rápido. Lo que necesita es una pequeña bañera con la misma solución de agua que la que había en el vientre de su madre, exactamente agua de mar: la misma cantidad de sal, la misma proporción de compuestos químicos. exactamente la misma.
Esto vuelve a ser una prueba de que la vida debió aparecer primero en el océano. Todavía sucede en el agua oceánica. Por eso cuando una mujer está embarazada comienza a comer cosas saladas, porque el vientre va absorbiendo sal; el niño necesita exactamente la misma agua salada que existe en el océano. Si preparas la misma agua en una bañera pequeña, y colocas dentro al niño, se sentirá perfectamente recibido. Esta es la situación con la que está familiarizado.
En Japón, un monje zen ha llevado a cabo un experimento estupendo: ayudar a un niño de tres meses a nadar. Poco a poco ha ido rebajando la edad. Primero lo intentó con un niño de nueve meses, después con un niño de seis meses, ahora con un niño de tres meses. Y yo digo que todavía está lejos. Hasta los recién nacidos son capaces de nadar, porque han estado nadando en el vientre de su madre.
Por eso, dale al niño una oportunidad que sea similar a la del vientre de su madre.
Alimentando y queriendo al niño
Cuando una madre está alimentando a su hijo, no está dándole solamente leche, como siempre se había pensado. Ahora los biólogos se han encontrado con un hecho más profundo, dicen que ella lo está alimentando de energía; la leche es sólo la parte física. Y han llevado a cabo muchos experimentos: se cría un niño, se le da de comer lo mejor posible, todo lo que la ciencia médica haya descubierto. Se le da de todo, pero no se le ama, no se le acaricia; la madre no le toca. La leche se le suministra a través de aparatos mecánicos, se le ponen inyecciones, se le dan vitaminas, todo es perfecto. Pero el niño deja de crecer, comienza a encogerse y la vida empieza a alejarse de él. ¿Qué está sucediendo? Porque se le está dando todo lo que la madre le estaba dando.
En Alemania, durante la guerra, muchos niños pequeños huérfanos fueron colocados en hospitales. A las pocas semanas casi todos se estaban muriendo. La mitad murió aunque se les había proporcionado todo tipo de cuidados; a nivel científico los médicos estaban actuando de la forma correcta, se había hecho todo lo que era necesario. Pero ¿por qué estaban muriéndose los niños? Entonces un psicoanalista se dio cuenta de que necesitaban algo de calor humano, alguien que los abrazara, alguien que les hiciera sentirse importantes. La comida no es un alimento suficiente. Se necesita algo de alimento interno, algo de comida invisible. De modo que el psicoanalista dispuso que cualquiera que entrase en la habitación ‑enfermera, médico o auxiliar‑ tenía que pasar por lo menos cinco minutos en la habitación abrazando a los niños y jugando con ellos. Y de repente dejaron de morirse, comenzaron a crecer. Desde entonces se han llevado a cabo muchos experimentos.
Cuando una madre abraza a su hijo, la energía está fluyendo. Esa energía es invisible, la llamamos amor, calor. Algo se transmite de la madre al hijo y no sólo de la madre al hijo, del hijo a la madre también. Por eso una mujer nunca está tan hermosa como cuando se convierte en madre. Antes, falta algo, no está completa, el círculo está roto. Siempre que una mujer se convierte en madre, el círculo se completa. Le llena una gracia de origen desconocido. Por eso no sólo está alimentando al niño, el niño también está alimentando a la madre. Están felizmente el uno «dentro» del otro.
Y ninguna otra relación es tan cercana. Ni los amantes están tan cerca, porque el niño viene de la madre, de su misma sangre, su carne y sus huesos; el niño es Sólo una extensión de su ser. Nunca más volverá a suceder esto, porque nadie puede ser tan cercano. Un amante puede estar cerca de tu corazón, pero el niño ha vivido dentro de tu corazón. Durante nueve meses ha sido parte de la madre, unidos orgánicamente, siendo uno. La vida de la madre era su vida, la muerte de la madre hubiera sido su muerte. Esto continúa incluso más adelante: existe una transmisión de energía, una comunicación de energía.
El niño asocia desde el principio las ideas de comida y amor. Se convierten en dos caras de la misma moneda. Su objeto de amor y su objeto alimenticio es el mismo. No sólo la madre, sino el pecho en particular: el niño consigue del pecho el alimento, el calor y la sensación de amor.
Hay una diferencia: cuando la madre ama al niño, el pecho tiene una sensación y una vibración diferentes. La madre disfruta dando de mamar al niño; está estimulando la sexualidad de la madre. Si la madre quiere de verdad al niño, entonces siente una alegría casi orgásmica. Sus pechos son muy sensitivos; son las zonas más eróticas de su cuerpo. Ella empieza a brillar y el niño puede sentirlo. El niño percibe el hecho de que la madre está disfrutando. Ella no está sólo alimentándole, lo está disfrutando.
Pero cuando la madre le da el pecho sólo por necesidad, entonces el pecho está frío; no tiene calor. La madre no está a gusto, tiene prisa. Quiere quitarle el pecho cuanto antes. Y el niño lo siente. Es muy evidente que la madre está fría, que no es amorosa, no es cálida. No es una madre de verdad. El niño parece no deseado, se siente no deseado.
El niño sólo se siente querido cuando la madre disfruta alimentándole de su pecho, cuando esto se convierte casi en una relación amorosa, en una relación orgásmica. Sólo entonces el niño siente el amor de la madre, se siente necesitado por la madre. Y que la madre le necesite es como decir que la existencia le necesita porque su madre es toda su existencia: él conoce la existencia a través de su madre. Todas sus ideas acerca de su madre serán sus ideas acerca del mundo.
Un niño que no ha sido amado por su madre se encontrará alienado en la existencia; se sentirá marginado, como un extraño. No será capaz de confiar en la existencia. Ni siquiera pudo confiar en su propia madre, ¿cómo va a confiar en nadie más? La confianza se hace imposible. Duda, sospecha; está continuamente en guardia, con miedo, asustado. Encuentra enemigos por todos lados, competidores. Constantemente tiene miedo de ser aplastado y destruido. No le parece que el mundo sea su casa en absoluto.
Si la madre está feliz y disfruta alimentando al niño, entonces el niño nunca come demasiado porque confía; sabe que la madre está ahí. Siempre que tenga hambre sus necesidades serán satisfechas. Nunca come demasiado.
Un niño bien amado permanece sano. No es ni gordo ni delgado; mantiene un equilibrio.
F
¿Por qué? El dedo gordo se convierte en un sustituto de los pechos de la madre y el alimento te relaja. No puedes dormirte con el estómago vacío, es difícil conciliar el sueño. Cuando el estómago está lleno, te sientes adormecido, el cuerpo necesita descanso. El dedo gordo es sólo un sustituto del pecho; no está dando leche, es algo falso, pero aún te produce la misma sensación.
Cuando este niño crece, pensarás que es tonto si se sigue chupando el dedo en público, por eso enciende un cigarrillo. Un cigarrillo no es una tontería, está bien visto. Es como el pulgar pero más dañino. Es mejor si te fumas el pulgar, sigue fumándotelo hasta la tumba; no es perjudicial, es mejor.
Y en los países donde han dejado de dar el pecho a los niños, automáticamente la gente fuma más. Por eso en Occidente se fuma más que en Oriente; ninguna madre está dispuesta a darle de mamar a su hijo porque se le deforma el pecho. Por eso en Occidente está aumentando el número de fumadores más que nunca; hasta los niños pequeños están fumando. Los niños pequeños fuman y las madres no son conscientes de que esto se debe a que les han quitado el pecho.
En todas las comunidades primitivas, los niños de siete, ocho o incluso nueve años seguirán mamando. Entonces algo queda satisfecho y no tendrán tanta necesidad de fumar. Por eso los hombres, en las comunidades primitivas, no están tan interesados en los pechos de las mujeres; no existe el problema de que alguien las ataque. Nadie les mira los pechos.
Si te han estado amamantando durante diez años seguidos, estarás harto y aburrido, dirás:
‑¡Basta ya!
Pero a todos los niños se les ha retirado el pecho prematuramente y eso constituye una herida. Por eso todos los países civilizados están obsesionados con los pechos. A los niños habrá que darles el pecho; si no, se volverán adictos y se pasarán la vida entera buscándolos.
Los científicos han experimentado con niños para ver qué harán si se les deja la comida a su alcance. Pensarás que comerán demasiado. Te equivocas, no comen demasiado. Su padre y su madre los sobrealimentan diciéndoles:
‑Come más. Come, ponte un poco más robusto. Muestra un Poco de lustre, ¿te has visto? Come un poco más.
Tiene a su madre sentada encima de su pecho diciéndole come
más, sólo un poco más. El niño está llorando y, como puede, se las arregla para comer. A menudo ves niños llorando. Su cuerpo está diciendo no. Su cuerpo está diciendo sal fuera, pega unos cuantos saltos, súbete a un árbol. Y tú sigues alimentándolo. El médico dice que el niño necesita tomar leche cada tres horas. El niño no quiere beber y gira la cabeza de un lado a otro. Pero la madre sigue alimentándolo porque han pasado las tres horas. Esto de seguir un tiempo regular no funciona. Cuando el niño tiene hambre llorará, él mismo te lo hace saber. No hace falta mirar el reloj. El niño tiene su propio reloj interno. Pero tú sigues alterando su reloj. Cada niño sentirá hambre de una manera distinta. Uno tendrá hambre cada cuatro horas, otro cada tres, otro cada dos. Esto es un gran problema, porque se ha establecido una norma: la norma de la mayoría.
Cuidado con las normas de la mayoría. El cuerpo tiene su propio reloj interno.
Escucha al cuerpo. Hazle caso. No intentes dominarlo de ninguna manera. El cuerpo son tus cimientos. Una vez que has empezado a entenderlo, el 99 por 100 de tus desdichas desaparecerán. Pero tú no escuchas.
Desde la más temprana infancia nuestra atención ha sido apartada del cuerpo, hemos sido alejados de él. El niño está llorando, tiene hambre y la madre está mirando el reloj. No está mirando al niño. Si al niño no le das de comer en este momento, le estás distrayendo de su cuerpo. En vez de darle de comer le das un chupete. Le estás haciendo trampas y le estás engañando. Le estás dando algo falso, de plástico, y estás tratando de distraer y destruir la sensibilidad de su cuerpo. No se permite a la sabiduría de su cuerpo que dé su opinión, la mente irrumpe.
El niño se calma con el chupete, se duerme. En este momento el reloj te dice que han pasado tres horas y que tienes que darle la leche al niño. Ahora está profundamente dormido, su cuerpo está durmiendo; le despiertas. Otra vez estás destruyendo su ritmo. Poco a poco alteras todo su ser. Y llega un momento en el que pierde toda conexión con su cuerpo. No sabe qué quiere su cuerpo. No sabe si su cuerpo quiere comer o no comer; no sabe si su cuerpo quiere hacer el amor o no. Todo está manipulado por algo del exterior.
Dejando llorar al niño
Desde el principio el niño quiere llorar y reír. Llorar es para él una profunda necesidad. Todos los días tiene una catarsis a través del llanto.
El niño tiene muchas frustraciones. Es inevitable; es por necesidad. El niño quiere algo, pero no puede decir qué, no puede expresarlo. El niño quiere algo, pero quizá los padres no estén en situación de poder dárselo. Puede que la madre no esté disponible. Quizá ella esté ocupada haciendo otra cosa y él esté desatendido. En ese momento no se le presta atención, por eso se echa a llorar. La madre quiere convencerle, consolarle, porque le molesta, el padre está molesto, toda la familia está alterada. Nadie quiere que llore, el llanto es una molestia; todo el mundo trata de distraerle para que se calle. Podemos sobornarle. La madre le dará un muñeco, le dará leche ‑cualquier cosa para distraerle o para consolarle‑, pero no debe llorar.
Llorar es una necesidad profunda. Si puede llorar y se le permite, el niño quedará como nuevo; la frustración es expulsada a través de las lágrimas. De lo contrario, si contiene el llanto, contendrá la frustración. Entonces se ira acumulando, y tú eres «un montón» de lágrimas. Ahora, los psicólogos dicen que necesitas el grito esencial. En Occidente se está desarrollando una terapia sólo para ayudarte a gritar, con tal totalidad que todas las células de tu cuerpo se impliquen. Si logras gritar tan enloquecidamente que todo tu cuerpo esté gritando, te liberarás de mucho dolor, de mucho sufrimiento que está acumulado.
Aprendiendo a hacer sus necesidades
Cuando se les enseña a los niños a hacer sus necesidades se les produce un gran trauma. A los niños se les obliga a hacer sus necesidades a una hora determinada. Ahora bien, los niños no pueden controlar el movimiento de sus intestinos; les lleva un tiempo, les lleva años el poder controlarlo. Entonces, ¿qué hacen? Se fuerzan, cierran su mecanismo anal y debido a esto adquieren una fijación anal.
A esto se debe el que haya tantos casos de estreñimiento en el mundo. Sólo el hombre sufre de estreñimiento. Los animales no sufren de estreñimiento; en estado salvaje ningún animal está estreñido. El estreñimiento es más psicológico; es un daño producido en el muladhara *. Y por culpa del estreñimiento muchas otras cosas aparecen en la mente humana.
El hombre se convierte en un acaparador ‑acapara conocimiento, acapara dinero, acapara virtud‑, se vuelve un acaparador y un tacaño. ¡No puede deshacerse de nada! Se apodera de todo lo que agarra. Y con este énfasis anal se produce un gran daño en el muladar, porque el hombre o la mujer tienen que llegar a la fase genital. Si se quedan fijados en la fase oral o en la anal, nunca llegan a la fase genital.
La fijación anal se vuelve tan importante que la genital pierde importancia. Por eso hay tanta homosexualidad. La homosexualidad no desaparecerá del mundo hasta que, o a menos que, desaparezca la orientación anal. El aprender a hacer sus necesidades es una lección muy importante y peligrosa.
Cuando el niño se pone enfermo
Desde el principio, desde la primera infancia, hay una cosa que casi siempre está mal, y es que al niño se le presta más atención cuando se pone enf
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El Arte de Publicar...
Para otro gran hombre! en homenaje al maestro CARLOS PARADA
LA ASOCIACIÓN CULTURAL TEATROVA
Acompañenos en este homenaje
al Maestro Carlos Parada.
¡Para los niños de 0 a 100! que habitan en el planeta verde
fuente: CALEIDOSCOPIO
Caleidoscopio de Sueños presenta:
V FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINEARTE PARA NIÑAS Y NIÑOS
"Amantes de la Tierra"
Invitamos a todas las niñas y los niños entre los 4 y los 100 años, a
disfrutar del 21 de octubre al 4 de noviembre de 2012 en 8 escenarios
de Bogotá, de 29 funciones gratuitas de cine arte de más de 20 países
del mundo.
Acompañenos en esta gran celebración por la vida en los siguientes lugares de Bogotá: el Museo Nacional de Colombia y la Cinemateca Distrital, el COL de Lourdes, el CDA de las Cruces, la Biblioteca Comunal de la Perseverancia, el Teatro Vedruna – Fe y Alegría, CEC Fe y Alegría Danuvio Azul y el Hospital La Misericordia.
Si conoces o haces parte de una institución que trabaja por la infancia, reserva tus cupos esta semana e invita a tu familia y tus amigos a amar la tierra, a soñar con el arte del cine, la magia de la música, los colores de un viaje por el mundo, lafelicidad de un encuentro con los demás, la vida, las plantas y animales; y muchas sorpresas más...
Te esperamos el día de la inauguración el próximo domingo 21 de octubre a las 3 pm en el Museo Nacional de Colombia!
Consulta toda la programación en: www.caledoscopios.net
Haz tus reservas (a partir de 10 personas) con: Yennifer Lorena Díaz Calderon
Celular 312 347 21 65 E-mail: caleidoscopio.festivaldecine@gmail.com
Ayudanos por favor a divulgar el Festival en los medios, contactar con: Angélica Ramírez Cel: 3124395019
E-mail: prensa.caleidoscopio@gmail.com
Para mayor información:
Fundación Caleidoscopio de Sueños
Tel. 4732583 contacto@caleidoscopios.net
Los Invitamos a una corta pero deliciosa Obra "PIEL"
fuente y arte: proyecto PRÒXIMA ESTACION
A todos los que participaron!
¡DESCUBRELO!
cortesía del Artista.
- lúcido y suave lleno de armonìa y luminosidad, en encuentros compartidos y creados por màtices al crear desafios en el lienzo ¡ahì! estàtico a la espera de ser tallado, una idea cantada musicalmente en una poesìa transparente, todo esto al compás de un pincel.
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Noticias Culturales ¡Lectura Bajo los Arboles!
Un Renacer lleno de Esperanza!
Lugar: Teatro el Parque
fotos tomadas por Samsara
¡Un minuto de Silencio por ellos!
fuente: AP por Tassanne Vejpongsa- TAIWAN
¡Imagenes para no olvidar...ese dia mutamos danzando a la madre Gea!
fuente y cortesìa: SAMSARA FUNDACION
Las siguientes ímagenes son un motivo para celebrar y comenzar a construir MEMORIA, en un espacio que quedará en cada uno de nosotros, es inefable lo que sentí, solo puedo decir que hemos dado un paso TRANSCEDENTAL en lo que debería ser CAMBIO DE PENSAMIENTO, en mirarnos los unos a los otros desde otra perspectiva y comenzar un nuevo sol, un nuevo aire, me refiero al 22 de junio en la PLAZA DE TOROS, con todo y las repercusiones por fin se sintió un aire de esperanza, en un lugar en donde no me atrevía a entrar, cuando estuvé la última vez que fuí en un festival de opera al parque sentí un escalofrio que me corría por todo el cuerpo, por todos lados, olia a cadáver, a sufrimiento. Creo que hemos avanzado a partir de la antigua edad media a una NUEVA ERA.
¡Vamos este año por las Ballenas!
fuente: CERO CAZA DE BALLENAS.
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El Claustro de San Agustin...Un lugar para descubrir!
Fotos: Samsara Fundacion
Explora el SPM-de la Universidad Nacional
Actividad Dia del NIÑO...Claustro San Agustin_ SPM
Fuente: SPM-CLAUSTRO SAN AGUSTIN DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL
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