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Blog Proyecto SAMSARA

Radiografia de la Clase Media en Tiempos de Pandemia! Por: Diego Bernal

17 Julio 2020 , Escrito por Samsara Fundación Ecológica Cultural Etiquetado en #ARTICULO, #CULTURA, #LITERATURA

Derechos Reservados.

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Resumen.

El confinamiento obligatorio ha encerrado a las personas en  ese espacio que en ocasiones solo usaban para dormir, pero que hoy se convierten en su verdadero nicho de vivir. En la época actual es evidente el dominio económico en la organización social, esto ha llevado a la encrucijada que enfrentan los gobiernos de activar la economía con el pretexto de favorecer la producción y el intercambio comercial o permanecer con el confinamiento obligatorio, lo que le obliga a reconocer que son muchas las personas que exigen una ayuda estatal para poder sobrevivir.

En nuestro ensayo abordamos la forma como la cuarentena desdibuja la idea de la clase media, que fue posicionada como el sector de la población emergente gracias a  la acumulación que otorga estatus. Hoy la cuarentena enfrenta a las personas con su realidad, el  hecho de tener que vivir confinadas y rodeadas de productos inútiles para este momento, los que la preocupación no les hace atractivos debido a las deudas que esos productos generaron al ser víctimas de la ola de adquisición de bienes para ser destacados o en estar en el lado cool[1] y hacerse notar en la sociedad, hace que hoy estas personas vean a esos bienes materiales como algo inservible, poco práctico, y sientan el vacío que surge de la decepción que produce el rompimiento de una ilusión.

Palabras claves. Clase media, consumo, emergente, trabajo.

BUSCANDO DENIFINIR A LA CLASE MEDIA.

La clase media constituye una categoría creada para diferenciar a un sector poblacional al que le han convencido de ser diferente de la mayoría de la población trabajadora de la sociedad. El concepto es abstracto tal como lo indica la Cepal[2]  “El estudio de la clase media presenta dificultades especiales” (Franco, 2011, pág. 8) que dificultan su definición dejando en evidencia que se trata de un concepto estructurado en una serie de ambigüedades e indefiniciones.

Respecto a la pluralidad que existen en torno a la definición de la clase media, al considerar que existen la ausencia en su definición, podemos encontrar que esta situación permiten otorgar una serie de características o atributos en forma equivocada a un sector de la población que se amolda a ciertas características que son consideradas como el estándar que marca la diferencia, dejando en  claro que al cumplir con esos parámetros se pertenece a la clase media, pero por el hecho de no estar claramente definida la clase media, queda la puerta abierta para incluir a diversos sectores poblaciones que perfectamente no pueden encajar en lo que tendría que ser la llamada la clase media.

El concepto clase media constituye una verdadera hipérbole ya que se puede aumentar o disminuir en forma exagerada lo que se considera como la clase media. Por esta razón se califica como perteneciente a la clase media a una diversidad de sectores sociales que presentan profundas diferencias.

Al hacer extensivo el concepto a grupos poblaciones diversas, no homogéneos entre sí, y que no presentan una similitud en su realidad económica y social, se torna difícil definir lo que realmente se puede considerar como la clase media. Este aspecto  trata de solucionar con la estratificación, encontrando personas que son de estratos 1 2, 3, 4, 5 y 6, incluso a quienes se encuentran en la miseria les dicen que son estrato cero y que son personas de extrema vulnerabilidad, por lo que se pregona una especial protección a este grupo poblacional, sin entrar a estudiar las verdaderas razones que han dado origen a la existencia de una clase que ha sido despojada hasta de su capacidad de laborar.

Lo anterior permite ilustrar sobre la diversidad y la discrepancia que existe en la calificación de clase media a partir de ciertos atributos económicos que sustentan la diferencia de la llamada clase media con los grupos sociales que se encuentran en un nivel parecido. Este hecho demuestra que no existe un ideal claro de lo que puede ser o se puede definir como la clase media.

El calificativo que se otorga a una población como clase media escapa a cualquier valoración basada de manera exclusiva en los ingresos de la persona o del núcleo familiar. Los estándares económicos establecidos para determinar lo que debe ser la clase media no brindan seguridad o precisión al considerar que se trata de la población que vive con una renta que se encuentra por encima del ingreso mínimo legal mensual establecido por el gobierno, sin considerar que en muchas ocasiones consumen menos proteínas que los más pobres debido a que sus ingresos se destinan para cumplir con el pago de las deudas generadas por los bienes adquiridos con el fin de estar a tono con el grupo social al que consideran pertenecer.[3]

Por ese aparentar es que la llamada clase media se ha visto envuelta en un laberinto de consumismo patológico que corroe sus vidas. Esta situación la ha dejado en evidencia la cuarentena al desnudar a las personas en su realidad, lejos del rol social que les habían asignado y que se sustentaba en la creencia de ser un miembro especial de la sociedad, quien gracias a su papel financiero recibe una calificación que le hace parte de la llamada clase media emergente o le resta puntos para lanzarlo a la cesta de los decadentes.

En la cuarentena las personas se han visto reducidas al espacio de su propio oikos se relaciona la consideración que “Durante la antigüedad griega, el concepto de economía remitía a una experiencia vital, debido a que su actividad se enfocaba en el cuidado y respectivo gobierno del hogar. En este sentido, la economía era un ejercicio, un arte que fortalecía al hombre en la labor política y a la mujer en las labores administrativas y contables del hogar.” (Duque, 2017, pág. 25)

Economía y vida familiar vienen a estructurar la vida de la persona en su nicho personal, por ello acudimos al concepto de oikos, “el filósofo que más exhaustivamente formuló el alcance del oikos como sinónimo del interés privado en general, “de familia”, en el mundo antiguo: “el horizonte de esta economía era estrictamente doméstico, sea referida como oikos, sea dirigida a una polis que, si no puede ser reducida a una suma de familias, en la medida en que se propone objetivos de crecimiento y de desarrollo moral en lo que respecta al Estado como tal, en el plano de la esfera de las necesidades no estaba lejos de la suma total de las necesidades de las muchas familias que lo compone” (Coggiola, 2015, pág. 58)

El hombre en la época actual que se encuentra marcada por la modernidad, ha sido transformado en homo consumus al ser convertido en “potenciales clientes de bienes de consumo. Esta espiral endiablada de producción- consumo se ha mantenido, si no incrementado, de forma ininterrumpida durante los dos últimos siglos.” (Perales Palacios, 2015, pág. 18),  viéndose reflejado en la actual situación de crisis que nos recuerda el espacio que le hemos arrebatado a la naturaleza, al igual que el daño que causamos en esa demencial búsqueda de beneficios para la sociedad que se sustentan en un consumo patológico.

El ser humano actual es el producto de la persuasión de poder mejorar su nivel social a partir de una serie de acciones de tipo económico, sin detenerse a pensar que esas acciones fueron surgiendo de la supuesta realidad que han creado con la participación activa de los medios de comunicación, al igual que de una serie de acciones ideológicas que son desarrolladas en los ámbitos de la familia, la educación,  la religión y el trabajo. En la familia se impuso el modelo de vivir juntos pero aislados, unidos en una supuesta individualidad que se reivindica a partir del uso de las tecnologías de la comunicación, con ellas se permite reclamar como cierto que se tiene miles de amigos a los que no se llegan a conocer en persona, pues ni siquiera se interactúa en persona ni con una docena de los nombres que desfilan por la pantalla del aparato con el que se establece la comunicación. Se trata de la paradoja de la soledad grupal en donde las personas se convierten en solitarias islas que piensan que se encuentran acompañadas, pero en medio de la pandemia descubren que el supuesto estatus se va por el drenaje de las ilusiones, ya sea por el acoso de las deudas, o por descubrir la verdadera soledad.

Este hecho se agudiza por la pérdida del trabajo, pues al quedar cesantes surge el sentimiento de disminución social, ya que la merma en los ingresos genera un sentimiento de disminución social, en ese momento aparecen los fantasmas con rostros de momentos del pasado, brota el dolor del recuerdo de los seres perdidos, esos seres queridos que abandonaron el mundo y dejaron un aviso en vivir bien y dejar de lado tanta acumulación material. Los hechos que recuerdan el dolor que surge de lo esencial, nos arrojan al rostro una gran verdad, que la vida se debe vivir, que la salud es lo principal, que los bienes adquiridos con tanto esfuerzo para aparentar no pasan de ser simples cachivaches que creíamos nos darían la felicidad, entre estos bienes materiales se encuentra el vehículo que carga su deuda y se encuentra parqueado sin mayor posibilidad de volverse a usar con la intensidad del pasado.

En este contexto el Oikos queda desfigurado, el ser pensó tener un oikos pero en realidad tenía un espacio en donde pasaba un mínimo tiempo de las horas del día. Al tener que vivir confinado descubra que su oikos se encuentra vacío de esencia, pero colmado de una multitud de aparatos inútiles. En ese espacio la soledad se vuelve el enemigo, la soledad es el cáncer de la modernidad, por ello es que muchos le huyen al encierro, no como un escape de la soledad pues en realidad buscan escapar es de su verdadera situación, le huyen a ese monstruo que se posesiono de su ser y se vistió del ropaje de la altanería, de la arrogancia o de la humillación gracias al supuesto poder, la soledad sin su propio reconocimiento es un verdadero tormento para el ego de quien se siente un ser especial.

El temor de ver su propia realidad en el espejo les lleva a detestar su propia imagen, tal como lo ilustra el maestro Eduardo Galeano al decir que “clavando un cuchillo en su propia garganta, acabó con el último pariente que le quedaba”. (Galeano, 2008, pág. 62)

No estamos conociéndonos en la pandemia,  pues buscamos huir de nuestra realidad, la que habíamos ocultado con la tecnología que aliena, despersonaliza, idiotiza, masifica pero hace creer que cada uno es exclusivo, especial, cuando todos son como animales de rebaños de los que solo cuenta su número, no su esencia, por ello nos espanta escuchar, nos asusta el silencio y nos atormenta la soledad, pero esa soledad no es estar sin otra persona, ya que estando solos nos encontramos con nuestra propia compañía, pero no somos capaces de reconocer nuestra propia compañía, a ella le huimos debido a que siempre nos asalta con su manojo de recuerdos, ilusiones, fantasías o temores. Siempre trae a la memoria que somos simples sujetos que nos convencieron de pertenecer a lo que llamaron la clase media. 

La cuarentena nos ha develado que la clase media es un concepto indefinido pues nada dice en sí, estar en la mitad de la pobreza y la riqueza extrema nos deja en el papel de la marioneta que sube o baja de acuerdo al querer de su marionetista. El consumo termina por hundir a la clase media en una cruda realidad, la que lleva a concluir que no existe una clase emergente.

La clase media descuida su fortaleza corporal y espiritual por estar embriagada y en brazos de la persuasión que le arrastra al consumismo. “Entonces, quien no endurece su cuerpo con los debidos trabajos, es difícil que pueda alcanzar la temperancia y resistencia necesaria para fortalecer su alma; pero la fortaleza del alma siempre será más importante, porque aquel que es presa constante de los excesos y pasiones, olvida sus obligaciones, emblandece su cuerpo y enferma”. (Duque, 2017, pág. 32)

LA REALIDAD DE LO QUE VIENE A SER LA CLASE MEDIA.

La clase media es un invento de la sociedad consumista que riega la esperanza de poder llegar a un nivel de acumulación de bienes que le permite salir de su estado de pobreza o de subordinación para convertirse en miembro del privilegiado grupo de personas que tienen un nivel de vida lleno de confort y sin preocupaciones económicas, gracias a su capital.

La actual situación ha demostrado que el hecho de gozar de un determinado bienestar material no significa que se cuente con el bienestar espiritual que permite vivir en paz, sin el temor a la soledad. La vida que se desarrolla basada en la acumulación nos recuerda al cuento del Rey Midas.[4] Por ello es que las personas han olvidado la sencillez de lo esencial, dejándose seducir por el cuento de la clase media, convencidos de ascender en la escala social a partir de la acumulación. Lo cierto es que muchos son los llamados para llegar a la cima, pero pocos los que logran entrar en el club de la llamada clase alta.

En materia tributaria la clase media se convierte en la población que soporta la mayor carga tributaria, siendo la más consumidora tributa en mayor medida, al igual que se ve negada en tener acceso a diversos subsidios, pues se trata de la clase que contribuye con sus aportes para los más pobres. El nivel que se le atribuye a la clase media deriva del hecho que; “Tradicionalmente, la ocupación ha sido considerada como la dimensión clave para captar las diferencias en el interior de la sociedad” (Franco, 2011, pág. 8) el fraccionamiento o diferencias que se tejen en la sociedad con la llamada clase media, ha logrado dispersar la solidaridad, pues las personas son encerradas en el privilegio de lo particular, pregonando un excesivo individualismo que rompe con cualquier solidaridad, por ello hoy abundan los videos sobre la tragedia y no sobre la solidaridad.

Las pasiones han gobernado el sentir de las personas, pero entendidas como la pasión que deriva del consumismo. “Desde la filosofía socrática, solo merecía gobernar quien era propietario de su alma y libertad, quien se proclamaba victorioso respecto a sus pasiones, quien entendía que lo verdaderamente útil no sobrepasaba el principio de placer, porque incluso las actividades placenteras pueden tornarse en dolor cuando son excesivas, arruinando además la salud del cuerpo.” (Duque, 2017, pág. 31)

Las personas movidas por su creencia de pertenecer a una clase emergente se convencen que “el grupo alto estaría constituido por empleadores y rentistas, el resto de la población se divide entre quienes ejecutan empleos manuales y aquellos que realizan actividades no manuales o de “cuello blanco” (Franco, 2011, pág. 8) generando el deseo de ser un empleado y llegando  a despreciar a quienes desarrollan labores manuales o que exigen mucha destreza, sin que ello signifique que esas labores no exigen concentración y pensamiento. Esta situación queda develada con la pandemia, ya que en el enclaustramiento se hace evidente la debilidad de carácter, la falta de felicidad que se aparentaba tener al poseer bienes materiales o por asistir a actividades que generan una serie de rituales basados en la apariencia.

La actual pandemia con su confinamiento ha puesto en peligro la apatía social,  recordando cuan frágil es la llamada clase media, devolviendo el carácter de interacción a las acciones que se realizan de manera conjunta, para empezar a tejer unas relaciones que se basan en el respeto y reconocimiento del otro, en la solidaridad y en poder enfrentar nuestro propio rostro en el espejo, sin sentir la vergüenza de no ser reconocido por otro, sino que se siente la felicidad de podernos reconocer en nuestra verdadera dimensión de ser apenas unos obreros más que aportan un grano de arena en la hermosa playa que ha de ser la humanidad, sin descuidar que dependemos de todo y que sin la naturaleza perecemos. 

Todo aún se encuentra por hacer. El camino es largo, debemos comenzar a cambiar.

 

 

 

 

Bibliografía

Coggiola, O. (2015). Capitalismo, economía y sociología. .Crisis capitalista, polémica y controversias, (7). Hic Rhodus, 57-78.

Duque, E. A. (2017). Cuatro elementos que implican transformación filosófica desde la perspectiva del oikos-nomos. Perseitas, 5(1), 23-40.

Duque, E. A. (2017). Cuatro elementos que implican transformación filosófica desde la perspectiva del oikos-nomos. Perseitas. PERSEITAS Universidad Luis Amigo, 5(1), 23-40.

Franco, R. H. (2011). Crece y cambia la clase media en América Latina: una puesta al día. Revista cepal No. 103, 7-26.

Galeano, E. (2008). Espejos, una historia casi universal. Mexico: Siglo XXI.

González Celdrán, J. A. (2006). Las Orejas de Asno del Rey Midas. Revista murciana de antropología, Nº 13.

González Celdrán, J. A. (2006). Las Orejas de Asno del Rey Midas. Revista murciana de antropología, Nº 13.

Perales Palacios, F. J. (2015). Yo consumo, tú consumes... Universidad de Granada, 18.

 

 

[1] La persona que se define como «cool» considera que tiene toda situación bajo control, y que su estilo de vida es único, muy personal.

[2] Los investigadores Rolando Franco, Martín Hopenhayn y Arturo León,  citando a Escobar y Pedraza, (2010). mencionan las siguientes características de la clase media en el estudio citado de la Cepal: “i) La pluralidad o ausencia de definiciones, que conduce a imputar atributos a grupos equivocados. ii) La hipérbole conceptual, es decir, la extensión a un colectivo difícil de aprehender de las observaciones realizadas respecto de un pequeño grupo que no es representativo del conjunto. iii) La amalgama, vale decir, la utilización de atributos de distintos grupos para conformar un tipo ideal de clase media. (Franco, 2011, pág. 8)

[3] Es una triste realidad observar que las viviendas de estas personas tienen la misma decoración, con similares bines de consumo y realizan los mismos  rituales grupales de interacción en medio de una soledad que mata, aun estando rodeados de amigos o familiares.

[4] “Sin duda uno de los personajes más populares de la mitología clásica, debido a su pervivencia en forma de cuento, es el Rey Midas. Su fama se debe al episodio en que, tras ayudar a Sileno, el divino fauno-sátiro le otorga, a petición del propio Midas, el don de convertir en oro todo lo que tocase. Pero existe otro episodio menos conocido en que el avaricioso rey sufre una extraña transformación: sus orejas cambian para transformarse en las de un asno.” (González Celdrán J. A., 2006, pág. 321)

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