CUENTO:
LA GRUTA
POR: DIEGO O. BERNAL
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Cada vez era más difícil avanzar por el polvoriento sendero, todo era desolación, el aire estaba muy caliente, el sol no daba tregua, nada brindaba sombra, se encontraban rodeados de algunos cadáveres que en una época fueron arboles pero hoy estaban inclinados, doblegados por el calor, secos, como esqueletos en reposo que no logran atrapar los rayos del sol. La mujer y el niño sienten que su piel se quema, el niño mira indicando que desea descansar, la mujer lo observa, la mirada de la mujer le dice todo, deben seguir ya que no estarán a salvo hasta llegar a la gruta. La travesía ha sido difícil pero es la única oportunidad de salvar sus vidas, de escapar. Sus gargantas se encuentran resecas, no pueden pronunciar palabra alguna, aunque tampoco lo deben hacer, el eco de sus palabras los podría delatar.
En lo alto de la montaña que han dejada a sus espaldas un grupo de cazadores observan con atención hacia la dirección por donde huyen sus presas, al tener el sol de frente se les dificulta observar. El líder mira atentamente, no pueden distinguir nada, se encuentra cansado pero recuerda que no les permiten regresar con las manos vacías, la última vez que algo parecido sucedió su grupo de cazadores se vio obligada a sacrificar a uno de sus hombres.
–Apúrense, más rápido, no podemos regresar con las manos vacías, no pueden llegar a la gruta, saben que si lo hacen… se escapan…- El líder pronuncia estas palabras con severidad, tratando de transmitir seguridad, sus hombres lo escuchan con atención, pero el Líder en su interior siente desaliento, si vuelve a perder a otro hombre su grupo se diezmara hasta terminar solo, la rabia surge de la impotencia de no poder actuar. Ante las palabras del Líder todos aprietan el paso, el sudor baña sus rostros, el cansancio los va derrotando, desde que divisaron a sus víctimas llevan tres días de acecho, pero entre ellos y sus perseguidos existe una diferencia, es la sed que se ha puesto en su contra, ellos son más personas que dependen de menos agua de la que llevan sus víctimas, además se trata de un grupo que intenta cazar en medio de un escabroso paisaje sin nada que beber o comer.
Desde el día en que la tierra se negó a dar sus frutos, las personas empezaron a mirarse con sospecha, todos se observan con ojos de desespero, de terror, de odio y de deseo… ese deseo que brota del hambre, hambre que muta al ser en alguien recursivo, las personas buscan la forma de proveerse de alimento, el agua es cada vez más esquiva, ese precioso liquido fue el primero en esconderse, lo que motivó la ola de calor que envolvió todo, se piensa que tanto calor en la cabeza puede enloquecer a cualquiera, el calor es fulminante, unos ya murieron, otros se han ido debilitando, esperando… saben que sus cuerpos no se van a desperdiciar.
Al llegar a la entrada de la gruta la mujer le hace señas al niño, él entiende, los dos se sientan en el polvoriento lugar, allí todo es muerte, no se ve un atisbo de vida en rededor, ella piensa que ha llegado el momento de tomar sendos sorbos de agua, la beben en silencio, el lugar es de esos sitios que generan pánico, la mujer azuza el oido, deben estar atentos, muchos han desaparecido tratando de entrar en la gruta, frente a ellos tan solo se aprecia una maraña de ramas secas que disimulan la entrada que se encuentra frente a sus ojos, antes de avanzar deben cerciorarse que no existe peligro alguno, ya que el silencio no siempre indica que el peligro se encuentra lejos, el silencio también anuncia que la muerte se encuentra presente, tan cerca que todo calla. El niño siente que le toman del brazo, es la mujer que lo hala con suavidad, lo mira en forma directa, firme, transmitiendo sin ningún equivoco la orden de estar en silencio, callar, no hacer ruido.
El lugar está cubierto del mismo polvo gris que se adueñó de los alrededores, ese maldito polvo cubre todo, o casi todo alrededor. El niño mira a la mujer con la mirada que lanza el lastimero grito del hambre, su fría mirada denota temor, inseguridad, quiere llorar pero su cuerpo ya no tiene lagrimas para desperdiciar, el precioso liquido se ha hecho escaso, está prohibido llorar. Ella lo mira con ternura, trata de transmitir seguridad, piensa que con su amor le puede dar la fuerza necesaria para avanzar, la mujer siente que el hambre carcome su ser, también es víctima de la fatiga, su mirada y un leve gesto indican que deben avanzar. En silencio se van escurriendo por el piso, se arrastran en busca del agujero por el que piensan que van a encontrar seguridad, se escurren lentamente como caracoles en busca de un trozo de col.
En el monte, los cazadores caminan con rabia, el sudor se mezcla con el polvo en su rostro, se sienten perdidos, el sol llega de frente a sus caras, eso no es lo peor, ya que la sed y el hambre los va transmutando en rabiosas bestias. Los cinco hombres van armados con diferentes artefactos que se han procurado del material que en otra época fue usado para fines diferentes. Estos hombres son seres andrajosos, tienen la sensación de haber perdido todo, hasta el más sutil de los escrúpulos, por eso es que se miran con sospecha, saben que son una jauría hambrienta que aprovecha el menor atisbo de debilidad de alguno para hacer de ese momento el comienzo de su fin. El líder hace una pausa, se siente agotado, ya no es el guerrero de hace unos años, ordena un momento de pausa para tratar de recuperar sus fuerzas, pero disimula esto al decir: -Debemos reorganizar el acecho, estamos tras dos presas que se han estado escabullendo por varios días, no son débiles, son muy sagaces, por ello vamos a trazar un plan, nos dividiremos en dos grupos para cubrir mayor terreno-
Al escuchar al Líder los integrantes del grupo se miran con asombro, siempre se había dicho que debían avanzar en forma unida, dividirse era debilitar la defensa. Por ello es que ahora se miran con sospecha, cualquiera se puede convertir en un nuevo sacrificio, desde que la tierra se negó a brindar alimento las cosas empezaron a cambiar, todo se ha perdido, ya no se ven animales en las praderas, ya no se ven los bosques ni la selva, tan solo ceniza por todas partes, cadáveres de lo que algún día fue un árbol, desde que los abandono el agua, la fuente de alimento empezó a escasear. El planeta es un mundo desolado en donde subsisten gracias al único alimento que tienen, esa comida que avergüenza a muchos, aun cuando otros ya la aceptan. El nuevo alimento ha creado grupos de cazadores, también existen los que buscan agua, todo se ha vuelto muy sencillo desde el día en que la energía eléctrica se acabó, los ríos se fueron secando y las represas se convirtieron en valles desolados, cubierto del maldito polvo gris.
A la entrada de la gruta la mujer observa a un decrepito anciano recostado a un lado de la entrada, percibe que no ofrece peligro, las manos del viejo tiemblan, su piel tostada por el sol parece que se fuera a fraccionar en pedazos, la mujer avanza unos pasos, el hombre no puede ver bien, trata de mover los brazos en un intento de evitar algún peligro, dicen que los ciegos tienen buen oído, - el anciano debe haber escuchado mis pasos, aun cuando avanzo muy lentamente-, piensa la mujer, el niño le sigue de cerca, el corazón le palpita con fuerza, tiene miedo, ha escuchado historias de situaciones como estas en las que usan a personas mayores como trampa para capturar a los jóvenes, un niño como él es apetecido, no por la cantidad de alimento que pueda proveer, más bien por las cosas que a cambio dan a quien lo posee ya que es todo un manjar. Esta época ha dejado sin valor a todo lo material, hace muchos años el lugar donde han entrado era muy limpio, se dice que era un espacio en el que la gente llegaba en vehículos, las cosas inútiles abundaban, la gente se cambiaba casi a diario de ropa, eso era una locura, hasta existían baños para los visitantes en donde se desperdiciaba el agua, pero todo empezó a decaer, la energía se perdió, ya no existe la electricidad, hoy las personas se cubren el cuerpo con lo que pueden encontrar, ya nadie produce cantidades de ropa, desde que todo acabo tan solo se vive para estar al acecho de comida, lo demás no vale.
El lugar es oscuro, lo que antes eran ventanas hoy las cubre la maleza con ese polvo gris, son plantas venenosas, una rara especie surgida de la mutación de la vegetación del lugar, cuentan que al acabarse el agua y el gas ya no tenían como producir energía, por eso le apostaron a la energía nuclear, fue peor, todo el dinero que se perdió en los bolsillos de los responsables del desastre no sirvió para comer, la comida era difícil de conseguir. La mujer avanza al interior de la gruta, deben llegar al lugar que le indicaron donde podría estar segura, ella sabe que reconoce que ha llegado cuando encuentre algo de comer, por ahora solo se ven rodeados de los restos de lo que en un tiempo fueron vehículos, hoy son una masa de piezas que se desbarajustan con el paso del tiempo, los dos siguen avanzando con cierta soltura, de repente una persona los sorprende, una figura delgada salta frente a ellos, los mira con asombro. La mujer emite un sonido de terror, el niño queda mudo, sus ojos abiertos, no se atreven a decir nada. El extraño blande en su mano una especie de mazo, es un pedazo de tubo de plástico, se trata del mismo material que ahogo al océano y acabo con la vida en los mares. El extraño se deleita con el terror que advierte en los ojos de la singular pareja, la mujer toma fuerzas en su instinto de proteger la vida del niño,
-Me dijeron que en este lugar acogen a los perseguidos-
El extraño la observa, no se fija mucho en el niño, eso indica que no es un cazador.
-Sí, solo quería cerciórame que no representan peligro, ¿saben algo de los cazadores? Preguntó el extraño. La mujer le mira con detenimiento, se percata que no es un hombre, es una mujer muy fuerte que transmite esa apariencia debido a su cabello alborotado y su rostro pintado.
-Los hemos logrado perder, quedaron con el sol en la cara, tienen poca agua y mucho temor de regresar con las manos vacías, saben que uno de ellos será sacrificado-
La respuesta satisface a la mujer y hace una señal, luego aparecen varias mujeres llevando algunas viandas en sus manos. Las mujeres invitan a la parejita a que las sigan hasta un espacio donde quedan más cómodos, les ofrecen el alimento y la mujer y el niño comen con agrado.
El niño recoge del piso un artefacto, la mujer le dice:
-Deja eso que no sirve para nada, en una época dicen que era una ventana al mundo, le llamaban Tablet o algo así, pero sin energía todo colapso y la muerte de la naturaleza nos ha llevado a esta penosa situación, todo por la arrogancia y los lujos, nuestros antepasados pensaron que las cosas materiales y sus creaciones eran más importantes que el planeta y hoy no tenemos alimento, no te había dicho nada, no quería que crecieras con miedo, pero huimos porque el planeta fue herido de muerte y hoy nos estamos matando entre nosotros, este lugar es el último del mundo que tiene comida vegetal-
La mujer que le dio el alimento al niño lo mira con ternura, observa como el hambre le hace devorar la comida, el pequeño siente un sabor diferente al de la comida que lo había alimentado hasta ese día, el aire del lugar tiene un aroma diferente del sitio donde antes vivía, es diferente como el semblante de las personas que le rodea. De repente llega al anciano que avistaron a la entrada, camina lento, como arrastrando sus pasos, una mujer le toma de la mano y hace que se detenga frente al grupo, el anciano trata de hablar pero de su boca no sale ni una sola palabra, ni un gemido, ni un lamento, sus ojos de abren, es como si tratara de llorar pero no puede, agacha la cabeza y se mueve, como queriendo avanzar, es un viejo, muy lento, parece un despojo humano, su ser irradia dolor, la mujer lo conduce a un rincón donde se acuesta en posición fetal.
-¿Quién es el anciano y cuánto tiempo lleva así? Pregunta la mujer que llegó con el niño. La mujer que los había sorprendido en la llegada, quien es la líder del grupo fue quien contesto.
-Ese hombre lleva muchos años viviendo el peso de sus acciones, cuenta que es uno de los que acabo con la selva, se dice que en los alrededores existían extensiones de bosques, con muchos animales y el agua abundaba, pero este hombre junto con otros se apropiaron de todo, quemaron la selva y los bosques para criar animales y sembrar un solo producto, envenenaron las fuentes de agua, y todo por esto.- la mujer recoge un trozo de oro que estaba en el suelo y lo enseña, -esto no sirve para nada, acabaron con la vida por esta cosa, pero la selva los castigó, fue quitando el agua, escondió la vida a los depredadores, a ellos les cayó la maldición de la selva, por eso este hombre lleva muchos años viviendo y quemándose lentamente por dentro, no puede comer nada, no bebe nada, vive con la sensación constante de hambre y sed, no sabemos cuántos años ha vivido ni cuantos vivirá, aunque vivir así es estar muerto - la mujer quedo en silencio, su mirada quedo perdida, como buscando recuerdos en ese singular lugar.
La mirada del niño se clavó con atención en quien le había brindado alimento, pues ella empezó a hablar, -Dicen que este lugar era un edificio que tenía muchas cosas que resultan inútiles, las personas cambian objetos por papel y ese metal era lo más preciado- al decir esto señala el trozo de oro que estaba en el piso, - no entiendo porque pensaban que era más esencial que la vida ese trozo de metal y unos papeles. Dicen que en este lugar las escaleras que se ven allí se movían, que esto era muy iluminado pues tenían luces , pero que al acabar con el agua, se acabó la energía y la comida, por eso es que ahora cazan lo único que encuentra con vida.- La mujer quedo en silencio, sus ojos se llenaron de lágrimas. Camino hacia un lado del lugar y un leve llanto se dejó escuchar.
La líder dijo en voz baja, -es de comprender que se ponga así cuando recuerda la forma como llego a este lugar, salió de donde estaba cautiva con su hijo y un hermano y no pudo llegar sino ella, el hijo enfermó y murió, el hermano fue cazado, también murió luchando para que ella se salvara, por eso pudo llegar a este lugar.
En las afueras, el grupo de cazadores han perdido el rastro, la selva parece que aún sigue viva, engaña a los depredadores, confunde a sus perseguidores. Otro miembro del grupo será sacrificado, es lo único que ha quedado cuando el alimento falta, los hombres en los dos grupos van de regreso por el camino cubierto de ese polvo.
La mujer que llego con el niño en voz pausada pregunta. – ¿Es cierto que en el interior de este lugar se puede ver el verde que tenía la selva?-
La líder le respondió, -Si lo es, se encuentra en el centro de este lugar, por eso ningún depredador ha llegado hasta acá, el verde le da abrigo a los animales que huyeron de las quemas, se salvaron en lugares inhóspitos, pero hoy se han adueñado de estos sitios, pues el polvo que todo cubre en las afueras de la gruta es lo que mantiene viva la diversidad de estos espacios. Algún día la selva volverá a reinar, pero antes han de haber desaparecido los cazadores que deambulan por todo el lugar-
Todos empezaron a caminar, había llegado la hora de buscar el verde en el interior de la gruta, ese sitio donde la vida se oculta esperando su nueva oportunidad.
FIN
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